La ciudad de Nueva York puede ser abrumadora, desde una perspectiva positiva, para quienes la visitan por primera vez. Su magnificencia, el ritmo, el ruido, los barrios que parecen ciudades completamente distintas... hay mucho que asimilar. Pero con un poco de preparación, tu primer viaje a Nueva York puede pasar de ser agitado a ser realmente estimulante.
Dominar el transporte y la movilización en Nueva York
Moverse por Nueva York es mucho más fácil de lo que parece una vez que comprendes algunos aspectos básicos.
La red de calles de la ciudad es tu mejor aliada. La mayor parte de Manhattan está organizada numéricamente, con calles dispuestas de este a oeste y sus avenidas de norte a sur. Los números de las direcciones aumentan a medida que se avanza hacia la parte alta de la ciudad, por lo que averiguar en qué dirección se camina sólo requiere un momento de orientación.
El metro es la forma más eficaz y asequible de moverse por la ciudad. Un viaje sencillo cuesta 3 dólares y no perderás tiempo en el tráfico.
¡Ah!, y olvídate de la MetroCard: Nueva York ha migrado por completo a OMNY, un sistema de pago sin contacto que funciona con tu smartphone o con cualquier tarjeta de crédito o débito. Basta con presentar tu tarjeta o smartphone a 2 cm de la pantalla digital de color negro ubicada en la parte superior derecha del torniquete y listo.
Para distancias cortas, caminar suele ser más rápido que utilizar el transporte público. Las manzanas de Nueva York suelen ser cortas en el eje este-oeste y más largas en el norte-sur. Es recomendable que descargues una aplicación de transporte público o de mapas antes de salir de casa. Y no tengas miedo de usarla abiertamente: esta es una ciudad donde nadie te mira.
Un consejo más para visitar Nueva York por primera vez es que evites alquilar un auto. Los aparcamientos son costosos, el tráfico es imprevisible y pasarás más tiempo buscando dónde estacionarte que explorando la ciudad. El metro, los autobuses y tus propios pies te pueden llevar a todas partes.
Comprender los modales y las costumbres sociales
Las normas de comportamiento en las aceras de Nueva York es algo real, y los lugareños se darán cuenta si no la sigues.
La regla fundamental: muévete.
Camina con decisión, mantente a la derecha y evita detenerte bruscamente en medio de la acera, sobre todo, cerca de una salida de metro o de un cruce muy transitado. Si necesitas consultar el móvil o estudiar un mapa, hazte a un lado primero.
La misma regla del lado derecho se aplica para las escaleras mecánicas; colócate a la derecha si no estás caminando, y muévete a la izquierda si lo estás haciendo.
Los neoyorquinos tienen fama de ser bruscos, pero suelen ser sorprendentemente serviciales cuando alguien les hace una pregunta de buena fe. No confundas eficiencia con antipatía.
En cuanto a las propinas, calcula un 15 a 20 % en los restaurantes. Es la norma local, no un gesto opcional. Muchos terminales de pago sugieren por defecto una cantidad de propina; puedes ajustarla, pero dejar menos del 15 % en un restaurante de servicio completo se considera de mala educación. En las cafeterías, la propina es apreciada; sin embargo, es más discrecional.
Planificar tu estadía y qué llevar
Una de las preguntas más frecuentes entre quienes visitan Nueva York por primera vez es dónde alojarse. El centro de Manhattan está a poca distancia, a pie, de los principales lugares de interés y de las principales conexiones de transporte público, eso lo convierte en un punto de partida idóneo si piensas recorrer a fondo la ciudad. Si prefieres un ritmo más pausado y un ambiente más de barrio ―además de opciones algo más asequibles―, entonces piensa en Brooklyn. Barrios como Park Slope, Williamsburg o Carroll Gardens están bien comunicados por metro.
Reserva con suficiente anticipación las principales atracciones y los espectáculos de Broadway. Las entradas para los más populares pueden agotarse rápidamente, y no está garantizada la disponibilidad en el mismo día para los mejores eventos. Si quieres evitar las aglomeraciones en Nueva York, visita los lugares de interés a primera hora de la mañana o entre semana, cuando hay menos gente.
Cuando se trata de qué llevar a Nueva York, lo primero que debes empacar en tu maleta son zapatos cómodos y que ya hayas usado para caminar, eso no es negociable. Caminarás kilómetros cada día, y a menudo lo harás sin darte cuenta. Vístete por capas, especialmente en primavera y otoño, cuando las temperaturas pueden cambiar drásticamente entre la mañana y la noche. Y un pequeño bolso cruzado o una mochila te permitirán tener las manos libres y tus pertenencias a buen recaudo.
Moverte por la escena gastronómica de Nueva York como un profesional
La oferta gastronómica de Nueva York es uno de sus rasgos distintivos, y para comer bien no hace falta reservar en un restaurante famoso. Algunas de las mejores comidas de la ciudad se sirven en la pizzería de una esquina o en la tienda de bagels del barrio, y los neoyorquinos se toman ambas opciones muy en serio. Un buen trozo de pizza neoyorquino debe ser ancho, fácil de doblar y, de ser posible, que pueda comerse estando de pie.
Para disfrutar de comidas asequibles y variadas, explora los barrios que se ubican más allá de Midtown. Chinatown y Flushing, en Queens, ofrecen comida excepcional a precios bajos. Jackson Heights, también en Queens, es un destino idóneo para deleitarse con la cocina surasiática y latinoamericana. Incluso si paseas por East Village o Astoria encontrarás excelentes opciones a muy variados precios.
Si viajas solo por Nueva York, la cultura de la ciudad de sentarse a comer en un bar frente al mostrador, convierte a Nueva York en una de las ciudades más cómodas del mundo para comer sin compañía. La mayoría de los restaurantes admiten comensales solitarios, y la energía de un comedor concurrido forma parte de la experiencia.
¿Estás listo para explorar la Gran manzana?
La clave de un buen primer viaje a Nueva York es la preparación, no la planificación excesiva. Conoce lo básico del metro, respeta el ritmo local, reserva con antelación tus experiencias más importantes y deja espacio para pasear. Algunos de los mejores momentos en Nueva York ocurren cuando, sin planearlo, te adentras en un barrio nuevo o tropiezas con un vendedor de comida de la que nunca habías oído hablar.
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